La comunicación entre los hombres surge como una necesidad de supervivencia que los obliga a establecer un medio común en el que se transmitan ideas y conceptos. Esto llevó a las primeras civilizaciones a desarrollar el sistema de escribir que se remonta hacia el año 3.500 A.C.
Cada objeto tenía su propio símbolo, que solía ser un dibujo aproximado de aquel, así como figuras que expresaban palabras enteras (ideogramas); permitiendo de ésta manera el desarrollo de un gran número de signos. Los conocidos jeroglíficos egipcios también eran signos ideográficos que señalaban acontecimientos importantes y se diseñaron para grabarlos en piedra. Más tarde, se idearon dos signos para escribir una palabra, ésto lo hicieron los mesopotámicos y egipcios; luego, los fenicios le dieron un signo a cada consonante pero no habían vocales, las cuales fueron añadidas posteriormente por los griegos, creando así un alfabeto.
Desde un principio las imágenes y los dibujos se representaron con un signo, el cual se podía leer, y entender así, el mensaje que se quería transmitir. Así, como en las diferentes civilizaciones la interpretación de signos ha sido fundamental en el avance cultural, social y económico de las sociedades, así mismo el proceso de lecto-escritura es fundamental en el desarrollo intelectual y social del hombre. Éste proceso se inicia desde sus primeros años de manera natural e intuitiva y continua cuando inicia su educación formal.
El niño en la edad pre-escolar explora un mundo de imágenes y actividades que va asociado con las palabras y con los signos que, más tarde, a medida que va avanzando en su aprendizaje, intrepreta y escribe utilizando los fonemas del alfabeto.
Es importante que el aprendizaje de la lecto-escritura no sea un acto de memorización sino de asociación entre imágenes y palabras que luego se traduce en una operación mental más compleja de formación de oraciones. |